Enamórate de la Eficiencia Física

 

Cuando vemos por primera vez, a una mujer o a un hombre que nos agrada,  es como un intercambio de mensajes visuales sin decir palabras, hacer gestos o dirigirse a la persona. Hay algo especial en ella o en él que nos atrae, puede ser físicamente por ser atractiva o atractivo, o pueden ser unas cualidades especiales que posee dicha persona, lo que no nos permite quitarle la mirada de encima. Cuando ella o él nos mira, cambiamos, disimuladamente la vista para que no nos sorprenda mirándola o mirándolo y viceversa, cuando nosotros la miramos o lo miramos a ella o a él, cambia la vista disimulando...

Es así como comienza una relación amorosa normal entre dos personas de sexos opuestos y es así como debe desarrollarse el amor a la eficiencia física.

La pareja va a pensar inmediatamente en las horas, días y quizás, años de felicidad que ambos van a tener con la compañía de ella o de él. Van a comenzar a citarse, para ir juntos a actividades comunes a ambos, que fortalezcan dicha relación.

Uno se hace una imagen de cómo me vería yo con un número menor de pantalón o con una talla menor de traje. Me sentiría más feliz, más seguro(a) de mí mismo o de mí misma, me sentiría más alegre, más jovial, más sociable; dejaría los complejos que tengo y podría sonreírle a la vida.

Es pues, así como se siente la persona que se envuelve día a día en actividades físicas vigorosas o aeróbicas. Se siente con más deseos de vivir la vida que Dios le ha regalado, más plenamente. Se hace más resistente a las enfermedades, está más alerta, desea dar más de sí mismo o de sí misma en sus obligaciones diarias y está mejor equipado o equipada para afrontar las exigencias y los ajetreos de la vida diaria, cosa que no puede lograr la persona de vida sedentaria.